samedi 4 août 2018

“Mann hou” “¿qué es?” (Domingo 18º del Tiempo)

A través de la narración misma del episodio del maná, sabemos que significa la palabra “maná”. Viendo esa cosa extraña al suelo, los Israelitas preguntaron, “¿Mann hou?” es decir “¿Qué es?” Los hijos de Israel comieron “mann hou” “¿qué es?”. Comieron y se saciaron de interrogación. Uno escritor judío francés escribió que la esencia del hombre es el “¿qué?”, la queilidad si se pusiera decir. Ser hombre es preguntar “¿qué?”, es extrañarse.
Lo que comemos, no es pan o carne, o pescado o verduras. Si, por supuesto, pero no basta. Todo esto da de sobrevivir, o de vivir como animales, come ser vivo. Pero somos animales creyentes, somos vivos que se fiamos de los demás, de Dios, y para fiarnos, tenemos que preguntar “¿qué?”, tenemos que ser lo que somos, preguntando “¿qué?”.
Pero los hijos de Israel se acostumbraron, y nosotros también. Comemos pan del cielo sin preguntar, es decir sin darnos la oportunidad de creer. Ya sabemos que es, pues, pues no preguntamos “¿qué?”. Pero si no preguntamos, no somos seres de fe, seres humanos, sólo seres vivos. Ya es algo, pero evitamos ser según nuestra vocación de bautizados, de creyentes, preguntando “¿qué?”.
El asombro es la condición no sólo del ser humano, sino también, del creyente. Preguntar no es dudar, sino entrar en el misterio de la fe. Si no hay nada extraño, si nada nos para, nos asombra, no se puede tratar de confianza, de fe. Quizá se trata de religion, pero de fe, no.
Lo podemos verificar en el evangelio. Los interlocutores de Jesús esperan comer, sin ver el problema, sin asombrarse, sin preguntarse sobre lo que comieron durante la multiplicación de los panes. Suerte ¡tenemos a uno que nos da pan! ¡Sigámoslo! Ya no hay problema de trabajo, de dinero, de hambre. Todo arreglado. Todo sin pregunta. Comer como los animales, sin preguntar.
Pero ¿Quién da de comer? ¿qué comemos? ¿de qué tipo es nuestra hambre? ¿Qué nos hace vivir? ¿Qué es ser humano? ¿Por qué vivir es confiarse de los demás?
Por favor, que no haya respuesta. Que se mantenga la pregunta, la interrogación, “Mann hou”. Si ya tenemos la respuesta, incluso la del catequismo, ya no se trata de fe, solamente de un saber, ya somos como los interlocutores de Jesús. Todavía no somos creyentes.
Van ustedes a contestar, si, lo somos. Es lo que hacen precisamente los interlocutores de Jesús. Jesús los conduce como a nosotros por otro camino, un camino que hace descubrir otro tipo de hambre, otra manera de vivir como hombres. Jesús nos quiere conducir en el camino de la fe, que tengamos hambre y sed de vida, de vida abundante, rica, copiosa, banquete de gozo.
El pan que Jesús da no es como el maná, porque los padres han muerto. Por lo tanto sigue como el maná, porqué es pan del cielo, recogido de otro lugar, que no nos podemos comprar. Tenemos que seguir preguntando “¿qué es?”, incluso después de la respuesta de Jesús: “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.”
Lo que significan estas palabras, todavía no se puede decir, tenemos que acabar este capítulo del evangelio, tenemos que acabar con la lectura del evangelio. Y el capítulo tendrá muchas otras preguntas. Una ultima para hoy. ¿Qué es un pan que no sólo para el hambre sino también la sed? Es una cosa que se recibe de Jesús y hace vivir, es Jesús.

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